Jesús se hizo pequeño como nosotros. Se dejó mirar, cantar y acunar con cariño. Le cantamos villancicos y le apretamos fuerte con nuestras manos pequeñas. Jesús feliz, porque le gusta estar con los niños.
La bendición fue un abrazo de familia, compañeros y de nuestros maestros, que nos cuidan y nos acompañan.
Con manos prodigiosas, María Torres cuidó cada detalle y creó unas manualidades llenas de cariño y belleza para este momento tan especial. GRACIAS.














