Nuestro cole se despertó con olor a hojas secas, a chocolate caliente
, a churros recién hechos… Los peques llegaron con ese brillo en los ojos
que solo aparece cuando saben que algo especial les espera.
Compartimos risas, mucha emoción y un desayuno que abrazaba más que el abrigo
. Y llegó la abuelita Castañera 
, con su cesta y su calma de cuento, contándonos historias del bosque y del otoño.
Entre cuentos y frutos de temporada
, cada pequeño se llevó un pedacito de la magia del día.
A veces, lo más grande se descubre en lo más chico: un olor, una risa, una historia contada con paciencia y cariño
.
No era solo un colegio… fue un rincón donde el otoño se hizo presente y nos recordó que la felicidad vive en esas cosas que parecen pequeñas, pero que llenan mucho.















